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// La coraza muscular (primera parte) y la fobia a bailar
En este artículo, intentaremos abordar uno de los factores que se hallan con bastante frecuencia al pensar en las causas de la inhibición o el miedo a bailar: el proceso de acorazamiento. Para ello, comenzaremos describiendo de manera muy general, que entendemos por coraza muscular.
Frente a los distintos estímulos ambientales, el organismo reacciona con movimientos corporales de expansión o de contracción, según estos sean placenteros o displacenteros. Los impulsos hacia la contracción, se generan cuando los estímulos exteriores son agresivos y producen temor en el sujeto. Por ejemplo, la contracción de la respiración, la palidez y opresión en el pecho en estados de angustia, etcétera.
Cuando el estado de contracción se torna crónico, surge la denominada coraza muscular. A raìz de ella el individuo se vuelve tenso, con una activación del sistema simpático, produciendo la contracción del organismo como un todo, y esteriotipando una actitud de retención tanto a nivel corporal como caracterológico. El proceso de acorazamiento implica un aspecto psíquico y físico como complementos de un mismo congelamiento emocional. Por ejemplo la represión del impulso a llorar (emoción), activa una contracción de ciertos grupos musculares y de la respiración (procesos corporales).
Los espasmos crónicos, generan una imposibilidad del sujeto de entregarse a los movimientos involuntarios y a la expresión emocional. La emoción, la entendemos como un movimiento de la energía hacia afuera (e-moción). La energía no descargada, se acumula en distintos grupos musculares generando cada vez mayor reticencia a la expresión corporal.
En la danza, el miedo está puesto en el temor a ser uno mismo. Como la coraza conlleva una actitud retentiva, el “dar” es objeto de inhibición, y la entrega al cuerpo se halla restringida. La emoción es la percepción de un movimiento. Un organismo acorazado es incapaz de sentir de manera espontánea e intensa. Los movimientos involuntarios que produce el baile no pueden ser tolerados dado que involucran sensaciones. Bailar es moverse, moverse es sentir.
Como lo adelantamos en el artículo anterior, el bailarín no puede separarse de su obra, el bailar implica poner el cuerpo, mostrar el verdadero ser. Muchas veces la gente se vuelve temerosa de esto, dado que sienten que mostrándose tal cual son, pueden ser heridos. Proyectan en el medio externo temores inconscientes relacionados con experiencias personales, que se sustraen a su control. Cuando el temor es externo, el sujeto huye y el miedo desaparece. Por el contrario, cuando el miedo es interno, el sujeto no puede escapar. Debe vivir con ello y se defiende contrayéndose, e inmovilizándose para no sentir. Es su modo de supervivencia.
Por otro lado, que la coraza muscular sea crónica, no quiere decir que ésta no pueda ser disuelta, que los estímulos atemorizantes no puedan enfrentarse de otro modo. Para que esto ocurra, es necesario primero, que la persona tome conciencia de la misma. A partir de ello, podrá buscar medios para descargar esa tensión energética y disolver el acorazamiento mediante distintas técnicas.

Muchas veces, en psicoterapia, se indica a los pacientes con estas características que realicen actividades físicas. Como es sabido, mediante el baile se pueden descargar tensiones, es decir, energía acumulada. Manteniendo una práctica habitual de cualquier tipo de danza, el cuerpo comienza a liberarse de esos temores, la persona siente que puede ser más auténtica, más libre. Empieza el reencuentro consigo mismo, el cual se había perdido con el proceso de acorazamiento. Esto lleva a que la persona pueda comenzar a sentir la danza como placentera, y liberadora. En el próximo artículo, procuraremos desarrollar esto último, y profundizar mas algunos conceptos y relacionarlos con algunos casos clínicos.
Lic. Magdalena Flores | Psicóloga clínica | mflores@lasegundabohemia.com.ar
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