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danza integradora | julio 07
"La fuerza no proviene de la capacidad física
sino de la voluntad indomable."
Mahatma Gandhi.
El Hombre que supo volar
Comenzó a las 19 con un solo del bailarín que, bajo mi asombro, estaba en silla de ruedas.
El sábado 7 de julio del 2007 en el auditorio Bauen, la compañía de Danza Integradora Grupo Alma, presentó, en el día internacional del arte solidario, fragmentos de las obras “Sin Distancias” y “En Ruedas del Amor”. Bailaron Gabriela Torres, María Laura Vicenti y Demián Ariel Frontera, bajo la dirección de Susana González Gonz.
Cuando la melodía de Pink Floyd comenzó a sonar, lo que pude presenciar fue casi sublime. De repente, esa silla dejó de ser un obstáculo para el bailarín, y en muchos momentos confundí sus brazos con las alas de un halcón. Las flameaba ágil y energético. Así de fuertes y así de imponentes. Me encontraba frente a un ser humano con una capacidad subreal: sabía volar.
La danza integradora es una actividad artística, educativa y terapéutica que permite integrar los opuestos: capacidad y discapacidad, bailarines y actores profesionales y amateurs, acortando la distancia que los separa, defendiendo los derechos que todos los seres humanos tienen de expresarse en libertad mas allá de las diferencias.
Podría decirse, o más bien, podría decir, que para mí fue una obra revolucionaria. No hay límites para la libertad de expresión. Todos queremos decir algo y esta es una forma maravillosa de hacerlo. Bailar, bailar y bailar, más allá de los delirios de la mente y los falsos impedimentos con los que nos miente el cuerpo.
Demián bailó con una bailarina que se encontraba de pie, pero también compartió escena con otra que, como él, se encontraba en silla de ruedas. Se los pudo ver en sintonía con el tema ‘La Memoria’ de León Gieco, artista patrocinador del grupo. Todos dueños de una sensualidad y profesionalismo único.

Al término de la obra pude acercarme al grupo y felicitarlos por el momento que me hicieron vivir al verlos bailar. Todavía conmocionada, me acerqué a Damián, que pese a que muchas personas se le acercaban para felicitarlo, tuvo la gentileza de contarme un poco acerca de esta experiencia. Comenzó a bailar en 1996. Me sorprendió la habilidad en el manejo y control de su propio cuerpo, pero aun más el sostener con total profesionalismo a su acompañante de baile. “No es fuerza sino equilibrio”, me contestó ante mi pregunta de cómo lograba sostener el peso de la bailarina. Lo noté sereno y en forma. Me confesó que antes de su accidente, que fue a los 14 años, hacía mucho deporte y practicaba gimnasia artística.
Es increíble cómo un hombre ante semejante experiencia puede evolucionar, avanzar y lograr lo que se propone. Más allá de las limitaciones que uno puede o cree que puede llegar a tener, no hay que bajar los brazos, porque quién sabe, tal vez estos sean las herramientas que uno tiene para superarse aún más.
Puedo decir que el sábado se festejó el día internacional del arte solidario y también puedo decir que aquel día, la única persona inmóvil, la única persona incapaz de bailar, fui yo, que me encontraba estupefacta ante semejante ejemplo de fuerza y dignidad. Muchas veces presencié bailes frívolos, o tal vez no, pero que no me ofrecían lo que esperaba. Si bien es una manera no convencional ver bailarines en sillas de ruedas, no significa que no puedan bailar. No solamente pueden hacerlo a la perfección sino que además pueden volar.
julieta desmarás | jdesmaras@lasegundabohemia.com.ar
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